Martes, 28 de Febrero de 2017 156 Peregrinos conectados
La Clave del Camino

El Camino es símbolo: lo que aparece nos remite a la real realidad del Camino. Esta no es otra que Dios. Dios es la clave, el sentido fundante del Camino. El es quien aglutina en una única entidad y experiencia la multiforme y variopinta experiencia caminera. El es la llave que abre todas las puertas, la razón que explica satisfactoriamente cuanto acontece al peregrino. La única y auténtica.

Sin Dios el Camino se apaga y se reduce a meros asuntos cotidianos, a pura historia intranscendente, a simple turismo, un tanto extraño e incómodo, pero turismo intranscendente. Al apagar el símbolo, al reducir el camino a lo que ves, a las triviales, o inusuales, anécdotas diarias, se cierra la puerta a lo maravilloso, a lo más sugestivo del Camino, a su experiencia determinante: el estremecimiento. Aunque cada cual lo llame de manera distinta, la experiencia es común: el Camino te estremece, te subyuga, te traslada a la verdadera realidad.

Luego vendrán la infinidad de cosas que el Camino es: historia, arte, senderos, naturaleza, folklore, gastronomía, heterodoxia, esoterismo, etc, etc. Pero todas ellas se fundamentan en la única realidad de la que son expresión velada.

Por eso el peregrino no es un marchista, ni un paseante, ni un viajero. Y jámas será un turista. El peregrino va a romper sin saber cómo, ni porqué, ni cuándo, el tiempo y el espacio lineal y cotidiano. "Quien no oiga el canto del cielo, no debe ir en busca del Caballero".

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